El punto gatillo miofascial es una zona localizada dentro del músculo donde ciertas fibras musculares permanecen en tensión constante, generando dolor que puede ser espontáneo o aparecer al presionar, contraer o estirar el músculo afectado. Se identifica al tacto como un pequeño nódulo firme, similar a un grano de arroz, dentro de una banda muscular tensa.
El nombre “punto gatillo” hace referencia a su capacidad para desencadenar dolor en una zona distinta a la que se estimula, lo que se conoce como dolor referido. Es decir, aunque se aplique presión en una zona concreta, el dolor puede sentirse en una región aparentemente no relacionada, actuando como un “gatillo” que activa el dolor a distancia.
Estos puntos pueden aparecer por posturas mantenidas, sobrecargas musculares, movimientos repetitivos o incluso situaciones de estrés o tensión emocional, afectando tanto a personas activas como sedentarias. Son una causa común de dolor muscular, aunque muchas veces pasan desapercibidos o se confunden con otras lesiones.

Dolor Referido del Punto Gatillo
Uno de los fenómenos más característicos de los puntos gatillo es el dolor irradiado o referido. Muchos pacientes lo describen como: “Cuando me aprietas ahí, el dolor se me va hacia otro sitio”. Este tipo de dolor no se queda localizado en el punto que lo origina, sino que se extiende hacia otras zonas, a veces alejadas, siguiendo un patrón típico según el músculo afectado.
Por ejemplo, un punto gatillo en el trapecio superior, cerca del cuello, puede provocar dolor que se irradia hacia el lateral del cuello, el hombro e incluso hacia la región temporal o la base del cráneo, simulando una cefalea tensional. Es decir, el paciente puede sentir dolor en la cabeza, cuando el origen real está en el músculo del cuello.

Otro caso frecuente es el del músculo infraespinoso, ubicado en la escápula. Un punto gatillo en esta zona puede generar dolor en la cara lateral y anterior del hombro, e incluso extenderse por el brazo hasta la mano, confundiendo al paciente con problemas articulares o nerviosos.
Comprender el dolor referido es clave para localizar correctamente el origen del problema y evitar diagnósticos erróneos o tratamientos ineficaces.
El dolor muscuclar no siempre es un Punto Gatillo
Es importante entender que no todo dolor muscular tiene su origen en un punto gatillo. Aunque estos son una causa frecuente, existen muchas otras posibles fuentes de dolor, como lesiones tendinosas, sobrecargas articulares, irritación nerviosa o alteraciones del control motor. Por eso, sentir dolor muscular o experimentar un patrón de dolor irradiado no implica automáticamente que se trate de un punto gatillo.
La valoración clínica por parte del fisioterapeuta es esencial para realizar un correcto diagnóstico diferencial. A través de la anamnesis, la exploración física y, si es necesario, herramientas complementarias como la ecografía, se puede identificar el origen real del dolor. Solo entonces se podrá diseñar un plan de tratamiento individualizado, centrado en abordar la causa concreta y no solo en aliviar los síntomas.

¿Cómo se pueden tratar los puntos gatillo?
El tratamiento de los puntos gatillo se basa en reducir la tensión muscular anómala y restaurar el funcionamiento normal del músculo afectado. Existen múltiples técnicas, y la elección dependerá del estado del paciente, el músculo implicado y la fase del proceso.
Entre los métodos manuales destacan la presión digital, la masoterapia profunda, la aplicación de calor o frío y los estiramientos guiados. Estas técnicas ayudan a disminuir la irritabilidad del punto y a mejorar la movilidad.
Una de las técnicas más efectivas es la punción seca, que consiste en introducir una aguja estéril sobre el punto gatillo. Esto genera una respuesta de espasmo local, seguida de una liberación de tensión. Puede provocar molestias temporales, pero normalmente se acompaña de una mejoría significativa de los síntomas en los días posteriores.
Además, se pueden utilizar tecnologías complementarias, como INDIBA (radiofrecuencia) para mejorar el metabolismo celular y reducir la rigidez, o la neuromodulación percutánea, que actúa directamente sobre el sistema nervioso para restaurar la función neuromotora del músculo.
Por último —y fundamental para evitar recaídas— es el trabajo activo mediante ejercicios terapéuticos, que ayudan a recuperar el patrón de movimiento correcto, mejorar el control motor y reeducar al músculo para que funcione sin sobrecargas compensatorias.

Tratar un punto gatillo no es resolver la lesión
Aliviar un punto gatillo puede ser muy eficaz para reducir el dolor y mejorar la movilidad de un músculo, pero no significa que el problema esté resuelto. El punto gatillo es una consecuencia, no siempre la causa principal. Por eso, centrarse solo en desactivar el punto doloroso, sin entender por qué apareció, puede llevar a una mejora temporal, pero también a una reaparición del dolor en poco tiempo.
Es fundamental que el fisioterapeuta investigue el origen de la disfunción muscular: ¿hubo un exceso de carga?, ¿una mala postura mantenida?, ¿falta de fuerza o estabilidad en zonas clave como la pelvis o la escápula?, ¿un traumatismo antiguo mal recuperado? Solo identificando el origen se puede aplicar un tratamiento completo.
Además, los hábitos de vida juegan un papel clave. El estrés, la falta de descanso, el sedentarismo o una alimentación inadecuada también afectan a la salud muscular.
Por eso, además del tratamiento manual, es necesario educar al paciente, adaptar la carga de los entrenamientos, mejorar la higiene postural y fomentar el ejercicio terapéutico. Solo así se puede recuperar la función normal del músculo y prevenir la aparición de nuevos puntos gatillo en el futuro.
Los puntos gatillo son una causa frecuente de dolor muscular, pero no deben tratarse de forma aislada. Es fundamental entender el contexto en el que aparecen: el estado del tejido, los hábitos de movimiento, el nivel de carga y los factores externos que afectan a cada persona. El tratamiento debe ser personalizado y orientado no solo al alivio del síntoma, sino a la recuperación de la función.
Por eso es clave el diagnóstico funcional y abordar el dolor muscular desde su origen. Si tienes algunos de estos síntomas, visítanos en nuestra clínica de fisioterapia en Málaga para ayudarte a recuperar tu mejor versión.



