Guía Completa para Comprender y Describir el Dolor

describir y comprender el dolor

La forma de percibir y describir el dolor es clave para que los profesionales de salud puedan hacer un diagnóstico y tratamiento adecuado. Porque no todos los dolores son iguales: algunos son pasajeros y fáciles de tratar, mientras que otros, como el dolor crónico, pueden convertirse en una condición compleja y debilitante.

En este artículo, profundizaremos en las diferencias entre tipos de dolor, desde el dolor agudo hasta el neuropático, y en la importancia de poder comunicar los síntomas de forma precisa.

Dolor Agudo: Claves para reconocerlo

El dolor agudo es un mecanismo de defensa que advierte sobre un daño potencial o real en el cuerpo. Suele ser de corta duración y, generalmente, desaparece cuando se trata la causa subyacente. Entre sus características principales, se incluyen:

  • Duración limitada: El dolor agudo tiende a desaparecer en días o semanas, una vez que el cuerpo inicia la reparación de los tejidos dañados.
  • Causas específicas: Surge a menudo debido a lesiones, intervenciones quirúrgicas o procesos inflamatorios.
  • Intensidad variable: Puede ir desde molestias leves hasta dolor intenso, dependiendo de la lesión o el daño.
  • Localización precisa: Generalmente es fácil identificar la zona de origen, lo que facilita el diagnóstico y tratamiento.

El dolor agudo también se describe con frecuencia mediante términos como punzante, lacerante, palpitante o sordo. Aunque estas palabras pueden sonar similares, sus significados pueden variar y dar pistas importantes sobre el tipo de tejido involucrado.

dolor agudo

Conceptos que debes conocer para describir el dolor agudo

Punzante: Una sensación intensa que se percibe como si algo afilado penetrara la piel o el tejido.

Lacerante: Este dolor da la impresión de un desgarro o corte en el tejido.

Palpitante: Se siente como una serie de latidos en la zona afectada, generalmente asociados con inflamación o un aumento del flujo sanguíneo.

Sordo: Dolor menos intenso pero constante, que puede indicar una lesión interna.

dolor por lesión

Dolor Nociplástico, Dolor Nociceptivo y Dolor Neuropático

Cada tipo de dolor tiene un origen diferente, lo que influye en el abordaje y tratamiento. Estos son algunos de los más comunes y formas de describir este dolor son:

Dolor nociceptivo: Proviene de un daño o lesión en los tejidos (como en músculos, huesos o piel) y es el tipo de dolor que se experimenta en una contusión o esguince. Este dolor suele ser de tipo agudo y localizado.

Dolor neuropático: Surge de una disfunción en el sistema nervioso y suele describirse como quemazón, sensación eléctrica o adormecimiento. Es un dolor crónico que persiste incluso después de que el daño haya sanado, y se asocia a condiciones como la ciática o la neuropatía diabética.

Dolor nociplástico: A diferencia de los anteriores, este tipo de dolor no proviene de un daño directo a los tejidos ni de una disfunción nerviosa. Se relaciona con alteraciones en el procesamiento del dolor en el sistema nervioso central. Es frecuente en condiciones como la fibromialgia, donde el dolor es generalizado y no hay una lesión específica.

Dolor Crónico, cómo reconocerlo

El dolor crónico es una condición persistente que se extiende más allá de tres meses y afecta de manera significativa la calidad de vida. No es simplemente una acumulación de dolores agudos; su origen suele estar vinculado a un modelo bio-psico-social, que incluye factores biológicos, psicológicos y sociales. El dolor crónico puede mantenerse incluso después de que la lesión haya sanado, lo que sugiere que el sistema nervioso ha entrado en un estado de “hipersensibilidad” que amplifica las sensaciones dolorosas.

Hipersensibilización central y periférica

La hipersensibilización central ocurre cuando el sistema nervioso central se vuelve más reactivo al dolor, de manera que cualquier estímulo, por pequeño que sea, puede percibirse como doloroso. Esta sensibilidad exagerada al dolor hace que se sienta en múltiples partes del cuerpo y que incluso estímulos que normalmente no deberían provocar dolor se perciban como intensos.

La hipersensibilización periférica, en cambio, se enfoca en áreas específicas del cuerpo. Aquí, los nervios de la zona afectada se sensibilizan debido a estímulos repetidos, lo que aumenta la intensidad y frecuencia del dolor en esa zona en particular.

dolor crónico

Factores perpetuadores del dolor crónico

Varios factores psicológicos y emocionales pueden contribuir a perpetuar la experiencia del dolor crónico. Algunos de los más relevantes incluyen:

Kinesiofobia: Es el miedo al movimiento por temor a experimentar dolor o empeorar la lesión. Este miedo puede llevar a la inmovilidad, lo cual no solo incrementa la percepción de dolor, sino que también contribuye a la pérdida de movilidad y fortaleza muscular.

Hipervigilancia: La atención excesiva y constante al dolor puede amplificar la percepción del mismo, haciendo que el cerebro se centre en las sensaciones dolorosas y las interprete como amenazas constantes.

Fragilización: Se refiere a la creencia de que el cuerpo es vulnerable y que cualquier esfuerzo podría dañarlo, lo cual lleva a comportamientos de evitación y a una menor tolerancia al dolor.

Catastrofismo: La tendencia a tener pensamientos exageradamente negativos sobre el dolor y sus consecuencias. Esto suele provocar ansiedad y depresión, que a su vez aumentan la percepción de dolor y limitan la capacidad de enfrentarse a él de forma adaptativa.

El movimiento supervisado: tratamiento del dolor crónico

En el tratamiento del dolor crónico, el movimiento supervisado por un fisioterapeuta es esencial para mejorar la movilidad y la calidad de vida. A través de ejercicios adaptados, se pueden reducir los niveles de dolor, fortalecer los músculos y mejorar la tolerancia al ejercicio. Los fisioterapeutas pueden guiar la realización de movimientos específicos que ayudan a evitar la rigidez y fortalecen las áreas afectadas sin riesgo de lesión adicional.

Además, el tratamiento del dolor crónico puede requerir el abordaje de factores psicológicos mediante terapias cognitivo-conductuales o técnicas de manejo del dolor, que ayudan a reducir el catastrofismo y la hipervigilancia, y fomentan una actitud de autoeficacia ante el dolor. La integración de la actividad física en el tratamiento es crucial, ya que mejora la salud física y emocional del paciente, ayudándolo a retomar sus actividades cotidianas y a mejorar su bienestar general.

Lograr una describir el dolor de forma precisa y detallada es fundamental para ayudar a los profesionales de la salud a encontrar el tratamiento más adecuado y a orientar a los pacientes en su proceso de recuperación.

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