Pruebas de Imagen: Usos en el Diagnóstico de Lesiones

Pruebas de Image, usos en diagnóstico de lesiones

Cuando aparece una lesión o dolor persistente, es habitual que surja la duda sobre qué prueba de imagen es la más adecuada.

Radiografía, ecografía y resonancia magnética son herramientas muy útiles, pero cada una tiene sus indicaciones específicas y limitaciones.

Saber en qué casos se utiliza cada una ayuda a entender mejor el diagnóstico y evita pruebas innecesarias. En este artículo te explicamos de forma sencilla para qué sirve cada tipo de imagen médica y cómo se aplican en el contexto de la fisioterapia y el abordaje del dolor.

Prueba de imagen Radiografía

¿Qué información ofrece una Radiografía?

La radiografía es una prueba de imagen que utiliza rayos X para obtener una imagen bidimensional del interior del cuerpo, especialmente útil para visualizar estructuras óseas.

Es una técnica rápida, accesible y con muy baja exposición a radiación, lo que la convierte en la primera elección en muchos contextos clínicos, sobre todo cuando se sospechan lesiones óseas.

En el ámbito musculoesquelético, la radiografía se solicita habitualmente en casos de traumatismo, caídas o golpes, con el objetivo de descartar fracturas.

También se utiliza para observar alineaciones articulares, calcificaciones o signos de desgaste articular, como en la artrosis. En urgencias, suele ser la primera prueba en realizarse, ya que permite actuar rápidamente si se detecta una fractura o luxación.

Sin embargo, la radiografía como prueba de imagen tiene importantes limitaciones. No permite ver tejidos blandos como músculos, tendones, ligamentos o nervios, por lo que no es útil para detectar lesiones en esas estructuras.

Además, hay fracturas —especialmente las no desplazadas o en fases muy iniciales— que pueden no ser visibles en la imagen, lo que obliga a completar el estudio con otras pruebas como la resonancia magnética o el TAC.

Por ello, aunque la radiografía es muy útil como herramienta de primera línea, debe interpretarse siempre en conjunto con la exploración clínica y, en caso necesario, complementarse con otras pruebas más específicas según el tipo de lesión que se sospeche.

Prueba de imagen Resonancia Magnética

¿Para qué se utiliza la Resonancia Magnética?

La resonancia magnética (RM) es una prueba de imagen avanzada que utiliza un campo magnético y ondas de radio para generar imágenes detalladas de las estructuras internas del cuerpo, especialmente de los tejidos blandos.

A diferencia de la radiografía, no emplea radiación ionizante, lo que la hace segura incluso para seguimientos prolongados.

Es la prueba de elección cuando se sospechan lesiones en tendones, ligamentos, músculos, cartílago, meniscos o discos intervertebrales, ya que permite una visualización precisa de estos tejidos.

También se utiliza para valorar estructuras neurológicas como la médula espinal o los nervios periféricos. En casos de edema óseo también es especialmente útil.

La resonancia es muy útil en casos de dolor persistente sin causa clara, lesiones deportivas complejas o cuando otras pruebas (como la radiografía o ecografía) no han ofrecido información concluyente.

Aunque es una prueba muy completa, también tiene limitaciones: es más costosa, puede tardar más en programarse y no está indicada como primer paso en lesiones simples.

Además, algunos pacientes pueden experimentar incomodidad si tienen claustrofobia o dispositivos metálicos implantados.

La RM es una herramienta clave para confirmar diagnósticos complejos, planificar tratamientos y valorar la evolución de una lesión, siempre que esté bien indicada.

Prueba de imagen Ecografía

¿Cómo ayuda la Ecografía en el estudio de lesiones?

La ecografía musculoesquelética es una prueba de imagen que utiliza ondas de ultrasonido para obtener imágenes en tiempo real de los tejidos blandos del cuerpo.

Es especialmente útil para evaluar músculos, tendones, ligamentos, bolsas serosas y estructuras superficiales, permitiendo detectar inflamaciones, roturas, engrosamientos o calcificaciones.

Una de sus principales ventajas es que se realiza de forma dinámica, lo que significa que el profesional puede explorar la zona afectada mientras el paciente se mueve o reproduce el gesto que genera dolor.

Esto facilita la correlación entre los síntomas y la imagen, algo muy útil en fisioterapia.

La ecografía es una herramienta rápida, segura (sin radiación) y muy accesible. Es ideal para realizar un seguimiento evolutivo del tratamiento, valorar la respuesta a intervenciones (como punción seca o neuromodulación) o guiar procedimientos como infiltraciones o EPI.

No obstante, su fiabilidad depende en gran medida de la experiencia del profesional que la realiza, y no permite ver estructuras profundas como el interior de una articulación, la médula espinal o los discos intervertebrales.

Interpretar una imagen no es suficiente: La importancia del contexto clínico

Uno de los errores más comunes en el abordaje de las lesiones es asociar automáticamente cualquier hallazgo en una prueba de imagen con la causa del dolor.

Sin embargo, cada vez más estudios demuestran que muchas personas presentan alteraciones estructurales (como protrusiones discales, roturas tendinosas parciales o signos de artrosis) sin experimentar ningún síntoma. Estos cambios pueden formar parte del proceso natural de envejecimiento o de adaptaciones del cuerpo a lo largo del tiempo.

Esto significa que no todo daño estructural visible genera dolor ni limita la función, y que realizar pruebas de imagen sin una justificación clínica clara puede llevar a sobrediagnósticos, ansiedad innecesaria y decisiones terapéuticas inadecuadas.

Por eso, cualquier imagen debe interpretarse siempre en contexto: deben existir síntomas concretos y una exploración funcional detallada que respalde lo que se observa en la imagen.

Tomar decisiones solo por lo que “se ve” en una resonancia o una radiografía, sin que haya un problema clínico real, puede llevar a intervenciones innecesarias o incluso perjudiciales.

En fisioterapia, valoramos al paciente en su conjunto. La imagen es una herramienta más, pero no sustituye el razonamiento clínico. El objetivo no es “curar la imagen”, sino mejorar la calidad de vida y la funcionalidad real de la persona.

Radiografía, ecografía y resonancia magnética son herramientas valiosas en el diagnóstico, pero deben utilizarse de forma adecuada y siempre guiadas por una valoración clínica.

No todo lo que aparece en una imagen genera dolor, y no todo dolor necesita una imagen para ser comprendido. La clave está en interpretar los hallazgos en el contexto de los síntomas y la funcionalidad del paciente.

En fisioterapia, priorizamos el análisis del movimiento, la exploración funcional y el sentido clínico para decidir cuándo es útil una prueba. Una buena indicación diagnóstica evita errores, tranquiliza al paciente y orienta el tratamiento de forma más precisa.

Si tienes alguna duda sobre una molestia o una prueba de imagen, puedes consultarnos en Manuel Cuenca Fisioterapia y Osteopatía

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