Lesiones Óseas: Tipos, tiempos de recuperación y tratamiento

lesión ósea en el brazo

No todas las lesiones óseas son iguales ni se tratan de la misma manera. Hay fracturas evidentes, fisuras, fracturas por estrés, contusiones del hueso y edemas óseos que solo se ven en la resonancia. Entender qué te ha pasado a ti es clave para saber qué puedes esperar y cómo te puede ayudar la fisioterapia.

Qué es una fractura y qué otras lesiones óseas existen

Una fractura es una rotura del hueso, parcial o completa. Puede estar alineada o desplazada, afectar o no a la articulación, ser simple o con varios fragmentos. Todo eso condiciona el tipo de tratamiento y el pronóstico.

No todas las lesiones del hueso llegan a romperlo por completo. En ocasiones hablamos de fisura, cuando el trazo de fractura no atraviesa todo el hueso, o de fractura por estrés, que aparece por la suma de muchas cargas repetidas y sus microtraumatismos. En estas últimas, al principio puede verse solo un edema óseo alrededor antes de que aparezca una línea clara.

También están las contusiones óseas y el edema óseo sin fractura. El hueso recibe un impacto o una sobrecarga, se inflama la médula ósea y aparece un dolor profundo, muy localizado, que tarda en irse. No es una “rotura” como tal, pero el tejido está irritado y hay que respetar sus tiempos igual que haríamos con una fractura pequeña.

Tipos de Lesiones Óseas

Cuánto tarda en consolidar un hueso

En un adulto sano, una fractura simple de un hueso largo suele necesitar entre 6 y 8 semanas para que la radiografía muestre una consolidación razonable. En huesos pequeños de la mano o del pie el tiempo puede ser algo menor, aunque no siempre. En personas mayores, fumadoras, con osteoporosis o ciertas enfermedades, el proceso puede alargarse.

Las fisuras y muchas fracturas por estrés se mueven en rangos parecidos, siempre que se controle bien la carga. El edema óseo que las acompaña puede seguir apareciendo en la resonancia más tiempo, aunque el paciente ya tenga menos dolor.

Un matiz importante: consolidación no es sinónimo de recuperación funcional completa. Aunque el hueso esté consolidado se debe recuperar movilidad, fuerza, equilibrio y confianza.

TAC en lesión ósea

Abordaje médico: Pruebas de imagen y tratamiento

Tras un traumatismo la primera prueba de imagen suele ser la radiografía. Es rápida, barata y, en muchas fracturas, suficiente para orientar el diagnóstico y decidir el tratamiento inicial.

Sin embargo, hay situaciones en las que la radiografía no muestra nada claro y el dolor sigue siendo intenso y muy preciso. Ahí pueden entrar:

  • El TAC, que dibuja con mucho detalle la parte externa del hueso y es útil en fracturas complejas o cercanas a articulaciones.
  • La resonancia magnética, que enseña edemas óseos, contusiones, fisuras, fracturas por estrés en fases iniciales y el estado de ligamentos, tendones y cartílago.
  • En cuanto al tratamiento, a grandes rasgos hay dos vías:
  • Tratamiento conservador, con inmovilización mediante escayola, férula, bota o cabestrillo. Se usa cuando la fractura está bien alineada y es estable.
  • Cirugía, con tornillos, placas o clavos, cuando hay mucho desplazamiento, riesgo de mala consolidación o necesidad de fijar bien la zona para recuperar una función aceptable.

El traumatólogo va ajustando la pauta según las revisiones clínicas y las imágenes de control, y marca cuándo se puede empezar a apoyar más, retirar la inmovilización o aumentar la carga.

Posibles complicaciones de las fracturas

Aunque la mayoría evolucionan bien, hay varias complicaciones que vemos con frecuencia.

  • Una es la rigidez articular. Tras semanas de escayola o de evitar el movimiento, es normal que el tobillo, la muñeca o el codo se muevan menos. Si no se trabaja, esa rigidez puede alargarse y hacer que gestos sencillos se vuelvan incómodos.
  • Otra es la pérdida de masa muscular y fuerza. Un miembro inmovilizado se atrofia rápido. Si además aparece miedo (kinesiofobia o miedo al movimiento), la persona tiende a moverse menos de lo que podría, y se entra en un círculo vicioso.

En un porcentaje menor, el problema es la propia consolidación: retardo (tarda más de lo esperable) o pseudoartrosis (no termina de soldar bien). En estos casos se vuelve a valorar la estrategia médica y, a la vez, se adapta mucho la fisioterapia para no exigir al hueso más de lo que puede soportar.

Qué puede aportar la fisioterapia tras una fractura

En fases iniciales se puede trabajar:

  • Movilidad de las articulaciones que no están inmovilizadas.
  • Drenaje y control de la inflamación.
  • Fuerza del resto del cuerpo, para que no todo se deteriore.
  • Educación en el uso de muletas o bastones, si hace falta, para repartir bien la carga.
  • Cuando se retira la inmovilización o el traumatólogo permite empezar a mover, el foco pasa a:
  • Recuperar movilidad de la articulación afectada con ejercicio y, si conviene, algo de terapia manual.
  • Reforzar la musculatura que ha estado “apagada”.
  • Trabajar la sensibilidad, el equilibrio y la coordinación.
fisioterapia para recuperar lesión ósea

Magnetolith y magnetoterapia como apoyo en lesiones óseas

En algunos casos seleccionados añadimos magnetoterapia de alta intensidad con equipos como Magnetolith, que utilizamos en nuestra clínica. El objetivo es estimular el metabolismo óseo y apoyar los procesos de reparación en situaciones como fracturas por estrés, edemas óseos dolorosos o fracturas (incluso intervenidas).

Es un complemento interesante  integrado en un plan que incluye control de la carga, ejercicio bien pautado y seguimiento cercano. De hecho se trata de un tratamiento que puede utilizarse durante la fase de inmovilización para acelerar la consolidación.

Readaptación: la parte que no se ve en la radiografía

El último tramo es el de readaptación, y muchas veces es la gran olvidada.

Aquí el trabajo se centra en:

  • Ajustar la carga: cuánto peso puedes soportar, cuánto tiempo y en qué superficies.
  • Diseñar una progresión lógica para volver al deporte, al trabajo físico o simplemente a tu rutina sin andar “entre algodones”.
  • Recuperar la confianza en la zona lesionada, algo que solo llega cuando has pasado varias veces por los gestos que te daban miedo, de forma progresiva y controlada.

No es lo mismo preparar la vuelta al día a día de alguien que trabaja sentado que la de una persona que pasa muchas horas de pie, o la de un deportista. Por eso el plan tiene que adaptarse a tu realidad, no a una tabla estándar.

Saber qué tipo de lesión tienes, cuánto tiempo aproximado necesita tu hueso y qué papel juegan el tratamiento médico y la fisioterapia ayuda a que el camino sea más llevadero. Si has sufrido una fractura, fisura, lesión por estrés o te han diagnosticado un edema óseo y quieres un plan de recuperación pensado para tu caso, en Manuel Cuenca Fisioterapia y Osteopatía podemos valorar tu situación, coordinarnos con tu equipo médico y acompañarte paso a paso hasta que vuelvas a moverte con seguridad.

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