La Postura Perfecta No Existe: Tu cuerpo necesita moverse, no corregirse

postura perfecta en el trabajo

La idea de la postura perfecta vende mucho. Suena bien, parece sencilla y da la sensación de que, si la tenemos, se acabarán muchos dolores. El problema es que el cuerpo no funciona como una foto fija: no hay una única forma de sentarse, de estar de pie o de moverse. La mejor postura es la siguiente. Más que perseguir una posición ideal, lo importante es tener un cuerpo capaz de adaptarse bien a las distintas situaciones y exigencias del día a día.

La postura perfecta no existe como posición fija

La postura en el ideario colectivo es estar con la espalda recta, hombros atrás, abdomen activo y cabeza atrás; sin embargo, un cuerpo real no funciona así.Una postura puede ser válida durante un rato y dejar de serlo si la mantenemos demasiado tiempo. Incluso una postura teóricamente correcta puede acabar siendo incómoda si no hay capacidad física para sostenerla o si no damos al cuerpo la oportunidad de cambiar.

Aquí está una de las claves del problema. No solemos sufrir por estar  teóricamente mal sentados durante dos minutos, sino por pasar horas haciendo lo mismo. Esa poca variación, poca movilidad y poca capacidad para repartir el esfuerzo nos condena. Por eso la postura importa pero no entendida como un molde rígido,  es más una forma de organizarse ante una tarea concreta.

La mejor postura es la que cambia

El cuerpo agradece el cambio. Cambiar de apoyo, levantarse, caminar un poco, modificar la posición de la pelvis, apoyar la espalda de otra manera o recolocar los pies… Significa que el sistema está buscando repartir carga y no quedarse atrapado siempre en el mismo gesto.

Intentar conscientemente mantener esa postura perfecta de forma mantenida también es contraproducente. Aprietas demasiado, respiras peor y convierte algo natural en una tarea agotadora. La postura deja de ser una consecuencia del movimiento y pasa a ser una especie de vigilancia constante.

Por eso tiene más sentido hablar de variedad, de tolerancia y de capacidad. Un cuerpo se adapta a sentarse de varias maneras, estar de pie sin agotarse enseguida, girar, inclinarse, caminar y cambiar de ritmo con normalidad. Lo que debemos buscar es ser lo más adaptables posible.

Postura y sedentarismo: cuando el problema es la falta de capacidad

Hay perfiles en la población que viven sentados casi todo el día: trabajo, coche, sofá, pantallas. Después, cuando tienen que pasar más tiempo de pie, caminar más de lo habitual o moverse con cierta soltura, el cuerpo lo acusa. No siempre porque haya una lesión, sino porque faltan recursos físicos para sostener esa demanda.

Una bipedestación eficiente no es estar recto. Depende de que haya capacidad en tobillos, caderas, columna dorsal, musculatura respiratoria, glúteos, abdomen y cadena posterior para organizar el cuerpo con menos esfuerzo. Si todo eso está poco entrenado, estar de pie se vuelve más costoso. Y entonces aparecen compensaciones, cansancio, rigidez o molestias.

Lo mismo ocurre con la marcha. Caminar bien no consiste en pensar en cada paso. Consiste en tener la movilidad, la fuerza y el control motor suficientes para que el cuerpo resuelva el gesto de forma eficiente. Cuando falta capacidad, el movimiento se vuelve más pobre, más rígido o más caro a nivel energético.

postura perfecta en el trabajo

Entrenar las capacidades físicas hace la postura adaptable.

Como ya habrás comprendido, mejorar la postura no debería significar pensar en sacar pecho, meter barriga o llevar los hombros atrás.

El trabajo real pasa por abrir espacios y devolver capacidad a zonas que usamos poco. Por ejemplo, mejorar la movilidad torácica, recuperar expansión costal, tolerar mejor ciertas posiciones de cadera, dar más trabajo a glúteos y musculatura profunda del tronco o enseñar al cuerpo a respirar sin tanta rigidez.

Esto puede generarse con ejercicios en movimiento, y otras con posiciones mantenidas y respiración, pero no con la idea de aguantar una postura perfecta. El objetivo es que el cuerpo aprenda a utilizar mejor zonas que tenía olvidadas.

Cuando esa capacidad mejora, la postura cambia sola en muchos casos. No porque la vigiles más, sino porque al cuerpo le resulta más fácil organizarse.

La postura en el deporte: no es solo la técnica

En el deporte pasa algo parecido. Está muy extendida la idea de que todo depende de la técnica: cómo correr, cómo hacer una sentadilla… La técnica importa, claro, pero muchas veces se aborda mal. Es imposible hacer una técnica perfecta que requiere exigencias a nuestro cuerpo de capacidades que no posee.

Por eso, cuando hablamos de mejorar la técnica deportiva no deberíamos quedarnos solo en cómo se ejecuta un movimiento. Lo más útil suele ser despertar patrones motores y desarrollar capacidades funcionales que permitan que el movimiento sea más estable, más económico y menos agresivo para los tejidos. Cuando eso ocurre, el gesto mejora. No por imposición, sino por adaptación.

Ejercicios con el fisio para generar adaptaciones que favorecen la movilidad

Qué puede hacer la fisioterapia cuando hablamos de postura

Cuando una persona consulta por postura no consiste en corregirla sin más. En la clínica empezamos escuchando dónde suele aparecer el dolor, en qué momentos del día molesta más y qué actividades lo empeoran o lo alivian. Después hacemos una valoración funcional para ver cómo se organiza su cuerpo ante distintas demandas: sentado, de pie, caminando, respirando o durante gestos de su actividad deportiva.

A partir de ahí elegimos los ejercicios que más sentido tienen para generar adaptaciones reales: mejorar movilidad donde falta, ganar capacidad en zonas poco utilizadas y darle más recursos al cuerpo para organizarse mejor. Si la persona hace deporte, también revisamos qué ejercicios o gestos conviene adaptar temporalmente para que no vayan en contra de lo que estamos trabajando ni perpetúen formas de movimiento que ya no le ayudan. El objetivo no es aprender a estar colocados, más bien en ir cambiando cómo el cuerpo responde a las demandas de la persona.

La postura importa, pero no como una posición fija que haya que perseguir durante todo el día. Lo que de verdad marca la diferencia es tener un cuerpo que se adapte bien, que tolere distintas posiciones y que responda con eficiencia a lo que le pedimos.

Si llevas tiempo sintiendo que tu cuerpo se fatiga, se carga o no responde bien ni al estar sentado, ni al estar de pie, ni al hacer deporte, quizá el problema no sea que te colocas mal, sino que te faltan recursos para organizarte mejor. En Manuel Cuenca Fisioterapia podemos ayudarte a entender qué está pasando y a trabajarlo con sentido.

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