Qué hacer ante una rotura fibrilar

Rotura fibrilar en gemelo

Una rotura fibrilar es sinónimo de un desgarro en un músculo. Son lesiones habituales en el ámbito deportivo, aunque también pueden producirse por esfuerzos musculares en la vida diaria si la persona lleva un estilo de vida sedentario. Se producen como consecuencia de una elongación brusca del músculo o una contracción violenta del mismo en un estado de estiramiento.

¿Qué son las fibras musculares?

El tejido muscular está organizado en filamentos con capacidad de contracción denominadas fibras musculares. Estas se agrupan en fascículos cada vez mayores hasta formar un músculo en concreto.

Rotura fibrilar 1

El músculo tiene como función principal el movimiento y el mantenimiento de la postura y es un tejido que sometido a un buen estímulo y con una buena nutrición, puede mejorar enormemente su capacidad de contracción.

Es por ello que cuanto más entrenado esté el sistema muscular, mayor será su fuerza, su resistencia y su explosividad. Sin embargo, cuando superamos sus capacidades o bien por exigirle un esfuerzo altísimo o por estar muy desentrenado, puede desgarrarse.

Síntomas de la rotura fibrilar (o desgarro muscular)

Durante la realización de un esfuerzo el paciente refiere un dolor intenso y repentino, a veces descrito como una “pedrada”. Un gesto muy habitual es llevar la mano de forma rápida a la zona donde se ha sentido este pinchazo. Después del pinchazo el paciente refiere dolor al estiramiento y contracción del músculo, siendo invalidante en las situaciones más graves.

rotura fibrilar 2

Al cabo de varias horas puede aparecer un hematoma en la zona lesionada, producido por el sangrado de la rotura.

Los síntomas dependerán del grado de la lesión, pudiendo encontrar microrroturas, roturas de algunas fibras o roturas completas del músculo (las más graves) y generalmente quirúrgicas. Aunque no es necesaria en muchas ocasiones la prueba de imagen (ecografía) para diagnosticar una rotura fibrilar, es recomendable para determinar el alcance de la lesión y establecer un pronóstico.

Las roturas fibrilares más frecuentes son la de gemelo o sóleo (lesión de tennis leg), rotura de isquiotibiales, rotura de addutor o rotura de cuádriceps (recto anterior). En el caso del bíceps braquial es habitual la rotura completa pero en éste caso del tendón, siendo importante la intervención quirúrgica para su perfecta recuperación.

Qué hacer cuando sufro una rotura fibrilar (o desgarro muscular)

Las primeras 72 horas son muy importantes para aliviar el dolor y poder comenzar favorablemente la recuperación. Es recomendable la aplicación de frío y una leve compresión en la zona afectada para mejorar el dolor y frenar el sangrado antes. Así mismo, elevar el miembro lesionado puede permitirnos mejorar el edema que irá generándose en la zona.

El reposo debe ser activo, asistiendo la marcha con muletas si fuera necesario para guardar al máximo el patrón de movimiento normal sin que esto genere mucha tensión o esfuerzo del músculo desgarrado.

De ser posible hacerse una ecografía nos ayuda a determinar el grado de la lesión y a adaptar mejor el tratamiento al caso concreto. Es importante remarcar que para que la ecografía sea lo más fiable posible, ésta debería realizarse al menos 48 horas después de la lesión, dando el tiempo suficiente a que el tejido lesionado sea visible con mayor claridad.

En esta fase y durante todo el proceso de recuperación es muy importante evitar movimientos bruscos o esfuerzos del músculo, puesto que la lesión podría agravarse. Para la evolución en el movimiento y el tipo de ejercicios que puedan hacerse, confía en el fisioterapeuta.

Tratamiento de la rotura muscular

Tras las primeras 72 horas se puede iniciar un tratamiento que será variable en función de la gravedad de la rotura fibrilar, y cuyo pronóstico también dependerá del grado de la misma. En los casos más graves en los que hay un sangrado abundante encapsulado el médico puede determinar que es necesario aspirar el hematoma.

En fases iniciales es fundamental modular el proceso inflamatorio, el dolor y generar las condiciones óptimas para una buena cicatrización del tejido muscular. Con esta finalidad el fisioterapeuta puede ayudarse de técnicas como la electrólisis percutánea, la neuromodulación, el láser de alta potencia, la diatermia o el sistema superinductivo. Si quieres saber más sobre ésta modalidad de tratamiento, puedes leer nuestro post sobre fisioterapia avanzada.

Desde el inicio del tratamiento es importante comenzar a activar las fibras musculares. Es fundamental adaptar la carga de esfuerzo y trabajar en la dosis de seguridad, siempre determinada por el fisioterapeuta. El objetivo de este estímulo es favorecer una buena cicatrización. Uno de los problemas a largo plazo en roturas fibrilares es una cicatriz inadecuada, que puede dar problemas a la larga. El músculo necesita transmitir fuerzas, contraerse, relajarse… para que sus fibras se reparen de forma alineada y correcta.

La evolución en las fases de ejercicio suele empezar en trabajo isométrico suave, pasar por contracciones concéntricas y excéntricas y terminando por la fase pliométrica (movimiento explosivo). En cada una de éstas, la intensidad y la carga se va adaptando progresivamente para preparar al músculo para la etapa siguiente.

Por ello es clave antes de retomar las actividades habituales, haber pasado por todas las fases y haber superado los test que nos aseguran una vuelta a la actividad segura.

Si tienes alguna duda al respecto o necesitas consejo sobre una rotura muscular, estaremos encantados de atenderte en nuestro clínica de fisioterapia en Málaga.

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