El tendón de Aquiles soporta cargas muy altas cada vez que caminamos, corremos, saltamos o nos ponemos de puntillas. Cuando empieza a doler, descansar unos días y volver a hacer exactamente lo mismo rara vez resuelve el problema. Muchas veces la carga que recibe el tendón ha superado durante un tiempo su capacidad para tolerarla.
La tendinopatía del tendón de Aquiles puede aparecer tanto en deportistas como en personas que simplemente han aumentado su actividad. El tratamiento no debería centrarse solo en quitar el dolor, sino en entender qué ha ocurrido y recuperar progresivamente la capacidad del tendón.
Qué es la tendinopatía del tendón de Aquiles
El tendón de Aquiles une gemelos y sóleo con el calcáneo. Durante la marcha ayuda a impulsar el cuerpo y, al correr o saltar, almacena y devuelve energía.
La tendinopatía aquílea suele asociarse a dolor y pérdida de función. Puede afectar a la zona media del tendón o a su inserción sobre el calcáneo, algo importante porque ambas localizaciones no siempre toleran igual la carga.
Síntomas habituales
El síntoma más frecuente es el dolor en la parte posterior del tobillo. Algunas personas lo notan especialmente con los primeros pasos de la mañana o después de estar un rato sentadas. También puede aparecer rigidez, sensibilidad al tocar el tendón o cierto engrosamiento.
Las molestias suelen aumentar al correr, saltar, subir cuestas o después de un incremento de actividad. Aun así, encontrar un tendón engrosado no significa necesariamente que esté más lesionado. Los cambios en la imagen y los síntomas no siempre van de la mano.

Por qué aparece el dolor en el tendón de Aquiles
Uno de los desencadenantes más habituales es un cambio de carga: aumentar de golpe los kilómetros, introducir cuestas, volver a correr después de semanas parado o caminar mucho más de lo normal.
La capacidad del tendón también puede verse condicionada por la edad, algunos medicamentos, enfermedades metabólicas, periodos de inactividad o una recuperación insuficiente.
Por eso, más que buscar una causa única, interesa conocer qué estaba haciendo la persona antes de empezar con dolor, qué cambió y qué capacidad tiene ahora para soportar esfuerzo.
Evaluación de la tendinopatía del tendón de Aquiles
Antes de decidir el tratamiento hay que saber dónde está el problema y cómo se comporta. Valoramos cuándo comenzó, qué actividades lo provocan y cómo responde después del ejercicio y al día siguiente.
Después exploramos movilidad, fuerza de gemelos y sóleo, elevaciones de talón y la respuesta a caminar, correr o saltar. Según el caso, también observamos cómo reparte cargas el resto del miembro inferior.

Qué aporta la ecografía
La ecografía permite valorar el grosor y la estructura del tendón, localizar mejor la zona afectada y guiar determinadas técnicas invasivas.
Pero una ecografía no sustituye a la exploración. Podemos encontrar alteraciones en personas que no tienen dolor y pacientes con síntomas claros sin grandes cambios estructurales. La imagen debe interpretarse junto con la historia y la valoración funcional.
Gestión de carga: una parte fundamental del tratamiento
Tratar una tendinopatía no significa dejar de utilizar el tendón. Tampoco consiste en seguir entrenando igual esperando que termine acostumbrándose.
La gestión de carga busca reducir temporalmente aquello que está superando la capacidad actual del tendón y mantener las actividades que sí tolera. Después se aumenta la exigencia de forma progresiva.
El dolor durante el ejercicio puede orientarnos, pero también importa cómo responde el tendón unas horas después y al día siguiente. Esa respuesta ayuda a ajustar la carga.
Ejercicio para la tendinopatía del tendón de Aquiles
El ejercicio es una de las bases del tratamiento. Las guías actuales recomiendan programas de carga progresiva para mejorar dolor y función, sin que exista un único protocolo válido para todos.
Podemos comenzar con ejercicios sencillos y progresar hacia elevaciones de talón más exigentes. Según el momento utilizamos trabajo isométrico, concéntrico y excéntrico y, más adelante, cargas altas, saltos o carrera.
No todo son ejercicios excéntricos
Durante años se habló casi exclusivamente de ejercicios excéntricos para el Aquiles. Siguen siendo una opción útil, pero hoy sabemos que diferentes formas de carga pueden funcionar según publicaciones de 2025. Lo importante es ajustar bien intensidad, volumen, rango y progresión. En la tendinopatía insercional, por ejemplo, puede ser conveniente limitar al principio una flexión dorsal excesiva para reducir la compresión sobre la inserción.
Técnicas invasivas y otras herramientas de fisioterapia
Cuando el dolor limita mucho el ejercicio o la evolución se estanca, podemos utilizar otras técnicas como complemento. En nuestra práctica empleamos, según la valoración, neuromodulación percutánea, electrólisis percutánea, punción seca, radiofrecuencia o terapia manual.
No todas las tendinopatías necesitan técnicas invasivas. Su función es facilitar determinadas fases, controlar síntomas o ayudar a cargar mejor el tendón. El ejercicio y la progresión de carga siguen siendo el eje del tratamiento.
Magnetolith en la tendinopatía del tendón de Aquiles
Otra herramienta que utilizamos es Magnetolith, un sistema de magnetotransducción extracorpórea o EMTT. Es una terapia no invasiva mediante campos electromagnéticos de alta frecuencia.
En clínica puede incorporarse en procesos persistentes como complemento. No lo planteamos como una solución aislada ni como sustituto del ejercicio. La evidencia específica de EMTT en tendinopatía aquílea sigue siendo más limitada que la existente para los programas de carga, por lo que debe integrarse con criterio.

Volver a correr o hacer deporte
Que el dolor haya bajado no significa que el tendón esté preparado para recuperar de golpe el mismo entrenamiento. Antes conviene comprobar fuerza, resistencia y tolerancia a esfuerzos más rápidos.
Una persona que quiere volver a correr necesitará pasar de ejercicios básicos a cargas altas, saltos, cambios de ritmo y carrera progresiva. El objetivo no es simplemente hacer ejercicios sin dolor en consulta, sino conseguir que el tendón vuelva a responder a las demandas reales de su actividad.
Una tendinopatía del tendón de Aquiles rara vez se resuelve con una única técnica. Primero hay que valorar qué está provocando o manteniendo el problema. Después, ajustar las cargas y devolver al tendón la capacidad que necesita mediante ejercicio.
La ecografía y herramientas como la electrólisis, la neuromodulación, la punción seca o Magnetolith pueden ser útiles en determinados momentos, pero siempre dentro de ese proceso.
En nuestra clínica de fisioterapia en Málaga (Manuel Cuenca Fisioterapia) trabajamos con esa idea: valorar antes de tratar, adaptar el plan a cada paciente y progresar hasta recuperar la capacidad para caminar, correr, saltar o volver al deporte con confianza.


